"Por
la grandeza de mi patria triunfaré"
Publicado:
Julio - Agosto 2000
Fuente: América Vuela - Número 63
Por
Héctor Dávila Cornejo
Recordando
al héroe de héroes de la aviación
mexicana, Francisco Sarabia Tinoco, en el centenario
de su natalicio.
El valiente y esforzado capitán Francisco Sarabia,
figura legendaria de la aviación mexicana.
L a espesura de la noche empezaba a envolver todo con
su negro ropón, creando tanto desencanto como
la aguja del medidor de combustible que se recostaba
suavemente en la posición de "vacío".
Apenas a lo lejos, un tenue destello aparecía;
se acrecentaba poco a poco y se transformaba en un racimo
de miles de perlas tan brillantes como pequeñas.
Cada perla de luz representaba una alegría, la
motivación y la esperanza de llegar a la meta.
Al bravo aviador, entumido tras más de diez horas
recluido en el seno de su avión, le parecía
sentir latir su corazón con mayor fuerza que
los casi mil caballos del vital motor que, cumplidamente,
impulsaba al bólido aéreo hasta el centro
de la tupida colmena de luces, que daban ya forma reconocible
a las calles, edificios y monumentos de la bulliciosa
ciudad de Nueva York.
Un breve chillido, después, metálicas
y espaciadas vibraciones al tiempo que se ahogaban los
últimos suspiros de la fuerza de sustentación
que abandonaba al avión, con suavidad magnánima,
mientras éste se movía sobre la pista
cada vez más despacio, hasta detenerse ante una
multitud expectante que estalló en júbilo
al dar la hélice sus últimas brazadas.
El héroe, casi exhausto, pero con una sonrisa
radiante y gentil, era jalado por cientos de manos cálidas
hacia el núcleo de aquella masa de almas emocionadas
y conmovidas, donde distinguió el rostro de seres
queridos, pero volvió por un momento la mirada
y la feliz sonrisa hacia su montura alada, compañera
de 3,781 Km de aventuras y peligros, y como con una
caricia suave y amorosa, pasó su mano sobre el
liso fuselaje, adornado con grandes letras góticas
que rezaban: "Conquistador del Cielo".

Imagen poderosa y elegante de un icono del cenit de
la era de los grandes hazañas de la aviación,
el inmortal Q.E.D. "Conquistador del Cielo",
brioso corcel aéreo de don Francisco Sarabia
en su vuelo de marca mundial México-Nueva York
en 1939.
Francisco Sarabia Tinoco, con su famoso monoplano R-6H
Q.E.D., había cumplido con la palabra empeñada,
alcanzando para México, ese 24 de mayo de 1939,
la marca mundial de velocidad entre el legendario campo
de Balbuena, en la ciudad de México, y el célebre
campo Floyd Bennett de la ciudad de los rascacielos.
Esta hazaña lo encumbró hasta la cima
de la popularidad, convirtiéndolo en el ejemplo
más puro del esfuerzo, el profesionalismo y la
valentía de un pueblo que palpita en sus jóvenes;
en Estados Unidos lo llegaron a llamar el "Lindbergh
mexicano", mas para sus connacionales no tenía
igual, era el gran "Pancho" Sarabia, aventurero
pero hombre cabal, maestro de generaciones ya legendarias
de pilotos comerciales, impulsor del desarrollo del
Sureste mexicano con su progresista, rentable y vital
empresa de aviación, Transportes Aéreos
de Chiapas, operada totalmente por manos mexicanas en
una época en que con gran voracidad, los extranjeros
controlaban mayoritariamente las aerolíneas del
país. Pero el destino tenía preparado
para Sarabia escalar un peldaño más: alcanzar
la inmortalidad, entregándose a las frías
aguas del río Potomac.
El 7 de junio de 1939 en Washington, Sarabia, tras pagar
una visita de cortesía al presidente de los Estados
Unidos, Franklin D. Roosevelt, en la que le entregó
una carta del presidente mexicano, general Lázaro
Cárdenas, que estrechaba cálidamente los
lazos de amistad entre los dos países y daba
por cumplida su misión de buena voluntad, enfiló
proa a la patria, sin saber que enfrentaba su último
vuelo...
¡Increíble! Una estopa, una maraña
sucia de aceite, sin forma definida, impersonal, se
convirtió en artero y cruel asesino, estrangulando
al avión, privándolo de respirar el vital
aire de forma tan furtiva que nadie pudo advertir el
peligro. Los últimos espasmos del motor, luchando
inútilmente por su vida, hicieron darse cuenta
al intrépido "Pancho" que algo andaba
muy mal, justo cuando quedaba atrás la pista
del campo aéreo Bolling y enfrente un espejo
ineludible de apacibles aguas que le retaba a hacer
gala de toda su pericia, ¡y la pericia sobraba
en manos de este aviador! Con la tranquilidad ganada
a pulso en infinidad de vuelos, Sarabia administró
con maestría las ultimas energías del
avión, al que posó, con el motor y la
hélice inertes, silbando suavemente, sobre el
agua. El tren de aterrizaje perturbó la paz del
río, que respondió con una zancadilla
salpicante, la máquina tropezó, pero no
violentamente, sino con elegancia, descansando casi
de cabeza, con la trompa y la cabina engullidas por
las aguas que traicioneramente impidieron el rescate
del héroe mexicano. El avión casi no sufrió
daños, Sarabia realizó a la perfección
el acuatizaje de emergencia, pero quedó en una
trampa mortal que le robó el aire como la estopa
a su motor.
¿Por qué parece que nuestros más
queridos personajes tienen que morir trágica
y prematuramente para ser apreciados en toda su dimensión?
Francisco Sarabia Tinoco, en vida orgullo de una nación
y tras su muerte gran ídolo de nuestro pueblo,
vio la luz primera en Ciudad Lerdo, Durango, el 3 de
julio de 1900. Hoy su memoria sigue viva, ahí,
en su ciudad natal, donde su fiel compañero,
erguido elegantemente en imponente silencio, con su
figura robusta, como si estuviera listo a emprender
una nueva aventura en cualquier momento, el "Conquistador
del Cielo" parece esperar leal y pacientemente
a su amo, rindiendo tributo a las hazañas y aventuras
de los más grandes aviadores de la historia.
GRANVILLE-MILLER &
DeLACKNER R-6H Q.E.D.
"CONQUISTADOR DEL CIELO",
EL AVION DETRAS DE LA LEYENDA
El
avión en el que Francisco Sarabia realizó
grandes vuelos de "marca", en el que también
perdió la vida, mismo que bautizó "Conquistador
del Cielo", es comúnmente referido como
el último de los aviones de velocidad Gee Bee,
aunque estrictamente hablando no fue un producto de
la original Granville Brothers, ya que fue diseñado
y construido después de la muerte de Zantford
Granville y la desintegración de su compañía
en 1934, y tampoco fue estrictamente un avión
de velocidad, pues fue diseñado con otros conceptos
en mente, para ser principalmente un aparato de largo
alcance.

El "Conquistador del Cielo , afortunadamente
preservado en la Ciudad Lerdo auque presenta rasgos
similares al de los famosos aviones de competición
Gee Bee y popularmente se le ha clasificado como uno
de ellos, es estrictamente hablando el Granville-Miller
& DeLacner R-6H Q.E.D.
Zantford Granville, un virtuoso autodidacta de la
ingeniería aeronáutica, logró
fama mundial junto con sus cuatro hermanos construyendo
los aviones de competición Gee Bee (nombre
tomado por cómo suenan en inglés las
iniciales de Granville Brothers, GB). Su modelo Z
ganó el trofeo Thompson en 1931 y las carreras
Shell y Goodyear; el modelo Y Senior Sportster a los
mandos de Florence Klingensmith llegó segundo
en la categoría femenil de las Carreras Aéreas
Nacionales de Chicago en 1933, pero el más
famoso fue el R-1 Super Sportster, con el que el legendario
Jimmy Doolittle ganó el trofeo Thompson de
1932 e implantó la marca mundial de velocidad
para aviones terrestres, de 296.2 mph (475 km/h).
Aunque el R-1 parecía un barril con diminutas
alas, Zantford tenía la idea de partir de ese
diseño para desarrollar un avión de
transporte de cuatro o seis plazas, que de hecho nombró
Fourster y Sixster respectivamente, así como
una versión de caza (muy lógico si tomamos
en cuenta que el Gee Bee R-1 era nada menos que 100
mph más veloz que el caza estándar del
ejército norteamericano en esa época)
y así dejar las carreras e iniciar una fábrica
de aviones comerciales. La reputación de Gee
Bee era excelente y no hubiera sido raro que se convirtiera
en una importante industria, pero el repentino accidente
aéreo que segó la vida de Zantford Granville
terminó también con la prometedora compañía.
Gran parte de los recursos humanos de la Gee Bee se
mantuvieron juntos, pero sus activos, instalaciones
y los derechos de uso sobre la marca Gee Bee fueron
embargados por un empresario de apellido Hurlburt,
quien había financiado a la compañía.
Hurlburt quería concluir la fabricación
del último Gee Bee, denominado C-8, cuyas alas
ya habían sido construidas, y sacar provecho
del prestigio del nombre comercial Gee Bee, pero no
lo logró y cerró el taller al poco tiempo,
mas nunca permitió el uso legal de la marca
Gee Bee.

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Sin
amilanarse Mark y Robert H. Granville se unieron a
Howell W "Pete" Miller y a Don DeLackner
para abrir un nuevo despacho con el nombre de Granville-Miller
& DeLackner, y así atender al millonario
Floyd B. Odlum, quien estaba en busca de un avión
veloz, biplaza, de muy largo alcance, para que su
protegida, la famosa aviatriz Jacqueline Cochran lo
empleara en la fabulosa carrera de larga duración
McRobertson, entre Londres, Inglaterra y Melbourne,
Australia.
Zantford Granville, a quien afectuosamente llamaban
Grannie, fue el diseñador en jefe de todos
los aviones Gee Bee, y sus hermanos, que eran buenos
técnicos y artesanos pero no diseñadores,
sabían que su ausencia haría muy difícil
la creación de un avión a la altura
de
esos espectaculares modelos, sin embargo Pete Miller
se encargó del diseño del nuevo avión,
completando los dibujos bajo la denominación
R-6C, cumpliendo muy dignamente los requerimientos
del cliente, que originalmente especificaban el uso
de un motor Curtiss Conqueror en V enfriado por agua,
mismo que finalmente no podría obtenerse, así
que se decidió, en julio de 1934, potenciarlo
con el Pratt & Whitney Hornet R-1690 SD, número
de serie 2496, radial, enfriado por aire, de 675 hp
(cuando Sarabia adquirió el avión contaba
con un nuevo motor supercargado de 950 hp), cambiando
la designación R-6C por R-6H (la C era por
el motor Conqueror y la H indicaba el Hornet).
Aprobados los dibujos finales y autorizada la construcción,
Miller expresó la terminología algebraica
con Q.E.D. (Quad Erat Demonstrandum, que en latín
significa "como ha quedado demostrado")
lo que agradó al Sr. Odlum, quien bautizó
al aparato como el "Q.E.D."
Así se inició la construcción
del Granville-Miller & DeLackner R-6H Q.E.D.,
que aunque tenía una línea general que
recordaba a los Gee Bee, de éstos sólo
heredó la técnica de construcción
del empenaje y las aletas hipersustentadoras patentadas
por Grannie. Incluso es falso que se haya construido
en el mismo taller y con las mismas herramientas que
los legendarios Gee Bee de carreras, pues como mencioné
antes, todos los activos e instalaciones de la Granville
Brothers habían cambiado de manos. Sin embargo,
se ha convertido en una costumbre generalizada de
los historiadores aeronáuticos clasificar al
Q.E.D. como un Gee Bee, aunque los propios hermanos
Granville sobrevivientes, en artículos y correspondencia,
siempre se han referido al avión como el único
producto de la efímera compañía
Granville-Miller & DeLackner.
El Q.E.D. fue diseñado como un deportivo de
doble control en tándem, con características
de vuelo dóciles y con capacidad de combustible
suficiente para ser clasificado como de gran alcance.
Tenía más del doble del área
del empenaje y más del doble de superficie
alar que el más grande de los Gee Bee proyectados
(el R-5) e incorporaba aletas hipersustentadoras y
un avanzado perfil alar NACA, junto con cabina cerrada
con asientos y pedales ajustables para ambos tripulantes
y panel de instrumentos completos tanto adelante como
atrás.
Para hacer más eficiente su construcción,
se le instaló un tren de aterrizaje que había
pertenecido a un avión militar Curtiss A-12
Shrike y el 15 de agosto de 1934 quedó terminado,
pintado enteramente del color verde corporativo de
los cigarros “Lucky Strike”, patrocinadores
de la señorita Cochran, y con la matrícula
NR14307, realizó su primer vuelo a manos del
famoso piloto de pruebas Lee Gehlbach.
El fuselaje del Q.E.D. fue construido utilizando una
estructura tubular de cromo-molibdeno recubierto de
madera contrachapada y paneles de aluminio, con el
empenaje recubierto de madera terciada. Cuando el
avión hizo su primer vuelo, se encontró
deficiente la estabilidad lateral a velocidad de crucero,
por lo que se amplió el tamaño de la
parte fija de la cola, contando el elevador con un
balance estático que además permitía
cierto grado de balance aerodinámico. El ala
arriostrada cuenta con dos vigas muy juntas con cables
tensores entre ellas actuando como una viga delantera
muy fuerte, mientras la viga trasera es sencilla y
toda el ala cuenta con costillares de madera con poco
espaciamiento y fijas a las vigas, para crear una
estructura muy rígida, totalmente recubierta
de una piel de madera, siendo los alerones de construcción
similar al ala. El motor cuenta con una cubierta anular
de aluminio en dos piezas fácilmente desmontables,
enfriado mediante un sistema de presión tipo
baffle, conduciendo aire fresco por todo el motor
y luego por seis guías, dos para alimentar
el carburador, una para enfriar el tanque de aceite,
otra para el radiador de aceite y dos para proveer
aire fresco a los tripulantes.
Como mencionamos antes, se tiene bien identificado
el motor original de este avión, un Pratt &
Whitney Hornet R-1690 de 675 hp, el que utilizaba
cuando lo compró Sarabia despierta varias dudas,
pues se ha dicho en las pocas referencias existentes
que se trataba de un Hornet de 950 hp, mas los unicos
motores PW de esa potencia no son Hornet, sino de
la familia R-1830 Twin Wasp de doble estrella de cilindros,
muy grandes para el Q.E.D., por lo que es muy posible
que se tratara en realidad de un Wright Cyclone SR-1820-G-5,
único motor americano radial de una estrella
de cilindros supercargado, justo de 950 hp, aunque
bien pudiera existir un error en el caballaje, siendo
750 hp y no los referidos 950, lo que dejaría
abierta la posibilidad al Pratt & Whitney Hornet
S2E-G, siendo esta última teoría la
más factible.
Se ha dicho en muchas fuentes que los aviones de competencia
Gee Bee influyeron en el diseño de varios aviones
militares de la época, como el Boeing P-26
Peashooter norteamericano y el Polikarpov I-16 ruso,
y por supuesto fueron mucho más que inspiración
para el desarrollo del Q.E.D., pero es importante
señalar que el avión de Sarabia fue
concebido de forma muy diferente; los tanque de combustible
instalados en el fuselaje, justo sobre el centro de
gravedad, junto a una distancia ideal entre este último
y el empenaje, medido en cuerdas aerodinámicas
medias, sumadas al ángulo diedro de las semi-alas,
le conferían características de vuelo
muy estables. Trocando combustible por armamento y
blindaje, así como la incorporación
de un tren retráctil pudieran haber dado como
resultado un avión militar económico
de capacidades razonables, pero aunque se intentó
ofrecer este diseño a Chile y Hungría,
la firma Granville-Miller & DeLackner no consiguió
más pedidos y tuvo que desaparecer. Es curioso
el caso de otro avión concebido también
para la carrera McRobertson, el Bellanca 28-70, sumamente
parecido al Q.E.D. en concepto y construcción,
pero éste sí con tren retráctil,
el cual modificado bajo la denominación 28-90
Flash, logró varios pedidos de la aviación
militar china y española (algunos ejemplares
terminaron en México), pero la verdad es que
el Q.E.D. y otros aviones similares no representaban
en 1934-35 lo más avanzado en ingeniería
aeronáutica. Como aviones deportivos y de correo
eran ampliamente superados por modelos como el Lockheed
8 Sirius y el totalmente metálico Nor-
throp Gamma, mientras que en el terreno militar, aparatos
que serían legendarios, como el Supermarine
Spitfire y el Messerschmitt
Bf 109, eran ya una realidad.
Pero de regreso a nuestra historia, casi todos los
aviones Gee Bee se vieron involucrados en espectaculares
accidentes, algunos fatales, por lo que esos aparatos
tenían una reputación de peligrosos,
reputación que persiguió al Q.E.D. aunque
su grupo sustentador y peso/balance fueran muy diferentes,
lo que se agravó con los pilotos poco hábiles,
pero famosos, que lo volaron. Jacqueline Cochran no
tenía suficiente experiencia en 1934 y aunque
le pusieron como instructor a un piloto de TWA, se
ocupó más de aprender navegación
que técnicas de vuelo, por lo que no se sintió
segura en el aparato y abandonó furiosa la
carrera McRobertson, tras dañar el avión
después de tres intentos de aterrizaje en Bucarest.
Antes el Q.E.D. había abortado su participación
en la carrera Bendix de 1934, al soltársele
un tornillo del capó; también tuvo mala
suerte en las competencias Bendix y Thompson de 1935,
siendo adquirido posteriormente por Charles Babb,
quien lo hizo competir en la Bendix de 1938, donde
nuevamente fracasó, para ser finalmente vendido
a nuestro héroe "Pancho" Sarabia.
Se dijo que el avión era muy difícil
de pilotar, ciertamente no era para un novato, pero
todos sus descalabros fueron a causa de mal mantenimiento
o descuidos, incluido el fatal accidente de Sarabia.
Con un mantenimiento de primera y un piloto experimentado,
el Q.E.D. era capaz de grandes hazañas; con
la matrícula mexicana XB-AKM, rebautizado "Conquistador
del Cielo" y en cuidadísimas condiciones
técnicas, el avión, bajo la mano firme
de Sarabia voló directo y sin escalas desde
Los Angeles, California, a la ciudad de México
en seis horas y media el 2 de diciembre de 1938. En
marzo de 1939 realizó los vuelos Cd. de México-Chetumal
(en 3 horas 31 minutos), Mérida-Cd. de México
(2 horas 49 minutos) y Cd. de México-Guatemala
(en 2 horas 55 minutos).
Prueba de las finas características de vuelo
del Q.E.D., independientemente de la confiabilidad
del motor, es el testimonio de Leon Atwood, quien
lo piloteó en 1936: "...era una nave que
se sentía bien sólida, al acelerar tomó
la pista sin desviarse, sin dar ningún problema,
ciertamente era el avión más grande
y veloz que había tripulado. Maniobrando a
12,000 pies era suave y sin desplantes de rudeza,
simplemente precioso".
Atwood tuvo una interesante experiencia junto con
el piloto Lee Miles; cerca de Los Angeles descendieron
un poco y al querer remontar, el motor falló,
quedando la hélice detenida en posición
vertical e imposibilitada a perfilarse. Miles maniobró
el aparato teniendo que virar para tratar de bajar
en un lote de estacionamiento, percatándose
que la senda de planeo se veía obstruida por
cables de alta tensión. Con sangre fría
Miles pasó por debajo de los cables, aunque
la punta de la hélice cortó uno de ellos,
mismo que chicoteó y golpeó a un automóvil
estacionado, causándole serios daños
en toldo y parabrisas. Pese a esto, el Q.E.D. se posó
con toda suavidad, intacto, en el espacio elegido.
Tras esta experiencia Lee Miles, quien voló
el Q.E.D. en las pruebas de calificación de
la carrera McRobertson, opinó que el aeroplano
carecía de malos hábitos, siendo una
magnífica máquina voladora con un bonito
desempeño ¡aun con el motor parado y
esa gran hélice en posición vertical
y sin perfilar!
Sarabia apreciaba mucho las bondades del avión.
Durante su estancia en Nueva York, el alcalde LaGuardia
le organizó un banquete de honor donde conoció
a Don DeLackner y sin rodeos le expresó tener
gran interés en construir en México
aviones como el Q.E.D. (simultáneamente Sarabia
había aportado recursos para la construcción
del primer bimotor Lascuráin) ya que creía
firmemente en la posibilidad de establecer en su país
una industria aeronáutica. En consecuencia,
DeLackner arregló para Sarabia una entrevista
privada con "Pete" Miller y Mark Granville,
aunque lo que pudiera haberse derivado de ese encuentro
quedó en el olvido, tras el trágico
desenlace de la aventura del aviador mexicano.
Finalmente, este gran avión, preservado orgullosamente
por la familia Sarabia, bajo su cúpula en Ciudad
Lerdo, es el mejor monumento a los extraordinarios
pilotos que lo condujeron con valor por los aires,
especialmente y por supuesto, a nuestro querido Francisco
Sarabia, sin duda su mejor piloto y el que más
provecho le sacó, pero debe ser también
un recordatorio de la importancia que siempre ha tenido
la pulcritud y el profesionalismo en el mantenimiento
aeronáutico. Los esforzados y anónimos
mecánicos contribuyeron con mucho al éxito
de las hazañas de Sarabia, pero el inaceptable
descuido de uno de ellos en Washington, nos arrebató
al héroe para siempre.
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