Antoine
de Saint-Exupéry
Cuando el humanismo llega a la cabina de vuelo
Por
Juan
A. José
Publicado:
Octubre - Noviembre 2002
Fuente: América Vuela - Número 65
--¿Qué es esta cosa?
--No es una cosa. Vuela. Es un avión. Es
mi avión.
Y me sentí orgulloso haciéndole saber
que volaba. Entonces exclamó:
--¿Cómo? ¿Has caído
del cielo?
--Sí –dije modestamente.
--¡Ah! ¡Qué gracioso!...
Y el principito soltó una magnífica
carcajada que me irritó mucho. Deseo que
tomen en serio mis desgracias.
Después agregó:
--Entonces, ¡tú también vienes
del cielo! ¿De qué planeta eres?
Pasaje
tomado de la obra: "El Principito".
El
verano del año 2000 ha resultado paradójico
para la aviación francesa: por un lado llegó
el 29 de junio y gente de todos los rincones del
planeta se unieron a los habitantes de la ciudad
de Lyon, para homenajear a uno de sus grandes hijos
en el centenario de su nacimiento: Antoine de Saint-Exupéry
(1900-1944), cuya imagen adorna los billetes en
circulación de cincuenta francos franceses.
Por otro lado, llegó el 25 de julio y con
gran sorpresa el mundo entero se consternó
al ver las imágenes de un BAC/Aérospatiale
Concorde 101, la gran joya de la aeronáutica
civil de Francia y la Gran Bretaña, estrellarse
envuelta en llamas cerca del aeropuerto Charles
de Gaulle en los alrededores de París. ¿Terminó
la fiesta de la aeronáutica francesa?
Me gustó el encabezado que publicó
un importante diario nacional, al referirse a las
declaraciones de un piloto de Air France hablando
del accidente del Concorde: "El mito seguirá
vivo". Es cierto, porque el mito que rodea
todo lo relacionado con la aeronáutica francesa
no se construyó de la noche a la mañana
y tampoco se acaba de un solo golpe. Desde los hermanos
Montgolfier hasta el Airbus A3XX, la aviación
francesa compite en buena lid por el liderazgo aeronáutico
mundial en materia tecnológica e indiscutiblemente
en materia histórica, en cuyas páginas
Saint-Exupéry tiene un merecido lugar de
honor.
Rutas aéreas entre Francia y Sudamérica,
conquistadas con aviones Latécoere por los
pilotos de Aéropostale, a inicios de los
años 30.
Reconocido universalmente como el autor de una de
las grandes obras del humanismo moderno: "El
Principito", cuya primera edición apareció
en idioma inglés en 1943, en Nueva York,
ciudad donde además se conserva el manuscrito
original, que a propósito ha sido traducido
a casi noventa idiomas, Saint-Exupéry no
regresó nunca a su base del Grupo de Reconocimiento
Aéreo II/33, dependiente del "Mediterranean
Allied Photo Reconnaissance Wing" en Borgo
(Bastia), en la isla francesa mediterránea
de Córcega, tras realizar la que seguramente
hubiese sido de todas formas su última misión
de este tipo en la segunda guerra mundial, el 31
de julio de 1944, al mando del Lockheed F-5B Lightning
(versión de reconocimiento del caza bimotor
P-38J), número 223, misión que lo
llevó irónicamente sobre la región
de Annecy, Chambéry y Grenoble, cercana a
Lyon y a Saint-Maurice de Rémens, donde vivió
esa infancia casi idílica que siempre invocó.
Versiones aún por demostrarse hablan de que
aparentemente fue abatido por cazas alemanes Focke-Wulf
Fw 190D-9. Saint-Exupéry había consumado
ese último gran sacrificio que desde los
tiempos de su exilio norteamericano, hacia 1941,
había anunciado abiertamente que iba a realizar,
muerte a la que no faltan quienes califiquen como
un suicidio escondido en una nacionalista, honrosa
y heroica gesta como es una misión de guerra,
la escapatoria a esa poco agradable realidad que
se le presentaba al laureado escritor al final de
la guerra, en materia de salud, profesión
aérea y matrimonio. Recordemos que en la
vida y obra saint-exuperiana, el sentido del deber
cobra particular importancia, sentido al que obedeció
al pelear en la guerra y que representa una paradoja
al imaginarnos a tamaño humanista capaz de
escribir "El Principito", matando a sus
semejantes. Sabía que su deber era luchar
y lo hizo con valentía hasta el último
de sus días, sin embargo su lucha más
dura no la tuvo contra el enemigo sino con los de
su mismo bando; contra los médicos que en
su cuerpo, con cuatro décadas de vida y accidentes,
encontraban múltiples razones para no aprobarle;
contra sus superiores que lo veían como un
icono viviente; contra sus amigos que confabulaban
para evitar su sacrificio; contra sus enemigos que
no lo deseaban ver en la gloria y contra su propia
patria, que no lo quería perder. Deseaba
pelear mas no matar, deseaba ayudar a recuperar
a Francia de las manos enemigas que se habían
metido en ella, pero sin destruir. Deseaba volar
con el uniforme francés y estoy seguro, morir
así. En una carta fechada en 1943 escribió:
"No me importa si muero en la guerra... pero
si regreso vivo de este ingrato pero necesario trabajo,
"¿qué es lo que voy a decir a
la humanidad?"

La obra literaria más famosa de Antoine
de Saint-Exupéry es “El Principito”,
la cual se ha traducido a 36 idiomas, aquí
vemos una edición en árabe. |
¿Escritor, aviador o ambos? Es la pregunta
básica que terminamos haciéndonos quienes
emprendemos un esfuerzo al tratar de entender a "Toño",
forma afectiva adoptada por quienes lo sentimos genuinamente
como nuestro amigo. Después de casi 10 años
tras su huella –y no necesariamente tras los
restos del avión en el que desapareció,
mismos que aparentemente fueron encontrados en el
fondo del Mediterráneo, cerca de Marseilla—
me atrevo a responder, afirmando que Saint-Exupéry
era un humanista que empleó indistintamente
a la aviación y a la literatura como sus medios
de expresión, realización personal y
cumplimiento de su deber. Personaje exótico
tanto en la aviación como en la literatura,
fue ampliamente valorado en ambos campos. Para él
la aviación era un útil que empleaba
para comunicarse con los hombres, afirmaba que la
aviación no lo había llevado al libro
y que al escribir no escribía sobre aviación,
sino por medio del avión, perspectiva que bien
podría diferenciarle de un Joseph Conrad, autor
del "Espejo del Mar" y de "Typhoon",
con el que se le ha querido comparar y que además
le otorga una categoría especial entre otros
clásicos de la literatura aeronáutica
como Richard Bach, Charles Lindbergh o Ernest K. Gann.
El consenso entre los expertos en el tema, es que
Toño sólo podía escribir si seguía
volando, combinación de actividades que dio
como resultado por un lado, una obra literaria de
calidad con alto contenido aeronáutico, en
la que destacan libros como: Correo del Sur (1929);
Vuelo Nocturno (1931); Tierra de Hombres (1939) y
Piloto de Guerra (1942) y por el otro una colorida
e importante carrera como piloto aviador, misma que
me gustaría destacar a continuación:
Al morir mi amigo Toño no era un aviador novato,
tenía la nada despreciable cantidad de alrededor
de 6,500 horas de vuelo, realizadas en un importante
número de aeronaves civiles y militares, ganándose
inclusive y con gran esfuerzo, la confianza de uno
de los grandes constructores de las rutas aéreas
mundiales: Didier Daurat, legendario y exigente director
de operaciones de la Aéropostale. Comparto
la opinión de quienes afirman que Toño
era simple y sencillamente "un piloto distraído",
que tanto podía caer en la virtuosidad en los
mandos de una aeronave, como cometer los más
sorprendentes y elementales errores y descuidos de
pilotaje, motivo suficiente para atreverme a afirmar,
independientemente de la admiración que le
tengo, que Saint-Exupéry no era un gran piloto,
más bien lo veo como un importante piloto en
la historia aeronáutica. Las anécdotas
de sus distracciones y excentricidades en la cabina
de vuelo son tantas, que le hacen merecedor del título
"el más grande aviador lúdico del
mundo". Me gusta comentar con los amigos la siguiente
anécdota: en una ocasión, volando un
Lockheed P-38 Lightning, sobrevoló el campo
aéreo de Túnez durante casi una hora
antes de aterrizar, al explicar el por qué
de esa medida, dijo que "no podía aproximarse
a la pista con la claridad de mente requerida hasta
conocer la identidad del culpable en la novela que
leía" ¡¿Leyendo, al mismo
tiempo que volaba un P-38?! Para entender mejor este
concepto del "piloto distraído" habría
que hacer un esfuerzo por entender a su vez la fascinante
y compleja personalidad de nuestro personaje, que
en buena medida nunca dejó de ser un niño;
un niño muy grande (a propósito, Toño
no tuvo hijos), que anhelaba regresar a la infancia
en su hogar en Saint Maurice de Rémens, donde
comenzó su carrera aeronáutica, cuando
el carpintero local le construyó un marco de
madera que Toño adaptó a su bicicleta
cubriéndolo con tela, a fin de utilizarlo infructuosamente
para emprender su primer vuelo, el cual hubo de esperar
hasta julio de 1912, tiempo en el que voló
como pasajero en Ambérieu, en un avión
Berthaud-Wroblewski, piloteado por Gabriel Wroblewski-Salvez.
9 años pasaron antes de que pudiese hacer realidad
su deseo de aprender a volar. Realizó su primer
vuelo de instrucción el 18 de junio de 1921
en el Farman F.40, matrícula F-CTEB bajo la
tutela de Robert Aéby en el campo aéreo
de Estrasburgo, donde el 9 de julio de ese mismo año
también realizaría su primer vuelo solo,
al mando de un biplano Sopwith 1 1/2 Strutter, matrícula
F-CTEE.
Saint-Exupéry había llegado a Estrasburgo
para cumplir con su servicio militar obligatorio de
dos años de duración, lo cual solicitó
hacer en un regimiento de aviación, en este
caso el Segundo Grupo de Combate, al que se integró
en calidad de conscripto sin experiencia y sin derecho
a recibir instrucción de vuelo, por carecer
de licencia civil (requisito entonces para recibir
entrenamiento aéreo militar, sin comprometerse
a un largo servicio para las fuerzas armadas). Esta
limitación la corrigió tomando clases
particulares de vuelo con Aéby. Es importante
destacar que en 1919 intentó infructuosamente
ingresar a la "Ecole Navale", para seguir
así una tradición familiar y responder
a una vocación que siempre lo mantendría
de alguna forma vinculado al mar. Antoine de Saint-Exupéry
obtuvo finalmente en Marruecos la instrucción
aérea militar que deseaba, logrando a finales
de 1921 su "brevete " de piloto con el grado
de cabo. Fue a Avord, donde voló Salmson tipo
2A.2. Ascendido al grado de subteniente en 1922, se
incorpora al 34° Regimiento Aéreo con base
en Le Bourget, aeropuerto en el que en 1923 sufre
su primer accidente aéreo serio, al volar un
Hanriot HD.14, que había tomado sin autorización
y peor aún, sin estar calificado para ello,
motivos por los cuales sufrió un arresto de
15 días. En el 34° recibió instrucción
para volar aeronaves Caudron C.59. Tras períodos
volando en Villacoublay y Orly es promovido al grado
de teniente en 1926, incorporándose a la Compagnie
Aérienne Francaise (C.A.F.) con base en Le
Bourget. En esta empresa se desempeña como
piloto interino volando Dorand AR.1. Recibe el "brevete"
de piloto de transporte público número
0933 el 5 julio de 1926, año que termina trabajando
en Toulouse en calidad de mecánico y piloto
aprendiz (como todo aquel que contrataba Daurat) en
la Compañía Latécoere, empresa
de la que emanaría la Compagnie Générale
d’ Enterprises Aéronautiques (C.G.E.A.)
y luego en 1927, la Compagnie Générale
Aéropostale, integrándose así
al inolvidable grupo de aviadores franceses que bajo
el mando de Daurat, escribirían algunas de
las páginas más apasionantes en la historia
de las comunicaciones aéreas mundiales, con
su lucha para lograr el establecimiento de servicios
aéreos regulares entre Francia y América
del Sur, vía la costa Atlántica de Africa.
Saint-Exupéry habría de ver caer a muchos
de sus compañeros, entre ellos al carismático
Jean Mermoz (piloto pionero transatlántico
de la Aéropostale) y a su gran amigo Henri
Guillaumet, quienes además, al igual que Toño,
tuvieron como última morada el fondo del mar.
Entre 1927 y 1928 con la confianza de Daurat, Toño
es encargado de la realización de vuelos entre
Toulouse y Casablanca vía Barcelona y Alicante,
en los cuales empleaban principalmente aviones Bréguet
14 A.2. Daurat percibe con acierto la valía
de contar con un valiente, amable y hábil aviador,
que además disponía de un "buen
apellido", para emplearlo hacia 1928 como jefe
de escala en Cabo Juby, colonia penal ubicada junto
al océano Atlántico en el enclave de
Río Oro, entonces bajo el dominio de España,
territorio colmado de beligerantes moros a quienes
encantaba disparar, robar y hasta secuestrar a los
pilotos de los Latécoere 25’s , 26’s
y 28’s o Breguet 14’s y 23’s en
su camino desde y hacia Dakar con el correo francés
desde y hacia Sudamérica. En Juby, Saint-Exupéry
madura, logra sus propósitos diplomáticos
con los españoles encargados del penal y los
moros, administra acertadamente la escala y participa
en espectaculares rescates de aeronaves, tripulaciones
y sacos de correo, ganándose el respeto y admiración
de compañeros de vuelo y superiores, a los
que deleita con sus trucos de naipes, que cuentan
quienes lo vieron, manejaba con la maestría
propia de un ilusionista. Regresa a Francia y viaja
en 1929 a Brest, para tomar un curso de navegación
celeste con el entonces teniente Lionel Max-Chassin
(futuro amigo y comandante), ahí vuela hidroplanos
bimotores Latham. En Toulouse realiza vuelos de ensayo
en aeronaves Latécoere 25 y 26 y en diciembre,
también de 1929, viaja a Buenos Aires, Argentina,
donde es nombrado director de la Aeroposta Argentina,
volando aeronaves como el Potez 29, con capacidad
para 6 pasajeros. Es interesante destacar que el 17
de abril del 2000 fue presentado en Argentina tras
su total restauración, un Latécoere
25 que se dice es el único avión que
queda en el mundo que fue volado por Saint-Exupéry.
En 1930 es promovido como Caballero de la Legión
de Honor a título de la Aeronáutica
Civil y participa en la búsqueda y rescate
de Guillaumet en los Andes, en la que es una de las
más célebres aventuras que se pueden
relatar sobre los pioneros del aerotransporte sudamericano.
De regreso en Europa y ante la liquidación
de la Aéropostale, en 1931 vuela el Latécoere
26 en la ruta entre Casablanca y Port-Etienne. En
1932, al obtener su "brevete" de piloto
de transporte público de hidroaviones, vuela
CAMS 53 y 56 en calidad de copiloto, en la ruta Marseilla-Argel
y realiza nuevos vuelos en la ruta Casablanca-Dakar.
Su carrera como piloto de aerolíneas termina
para el entonces ya reconocido escritor en 1932 al
ser rechazado, principalmente por motivos políticos
y seguramente por su bien ganada fama de distraído,
en la recientemente creada Air France, siendo forzado
a buscar empleo en otras actividades aéreas
como la de piloto de pruebas para Latécoere
en Toulouse, carrera que también concluyó
antes del fin de ese año tras un terrible accidente,
cuando por imprudencia estrelló el prototipo
del Latécoere 293 en Saint-Raphaël, evento
que además por poco le cuesta ahogarse. En
Latécoere voló además los Laté
28, 290 y 350.

El Lockheed F-5B, similar al que voló
por última vez Antoine de Saint-Exupéry.
Esta variante es la versión de reconocimiento
del caza P-38J Lightining. |
Limitado a realizar vuelos sin carga o pasajeros,
vuela en 1934 en misiones de relaciones públicas
para Air France en la región del Mediterráneo
y el Medio Oriente en aeronaves de la empresa y un
Caudron 630 "Simoun" F-ANRY de su propiedad.
Realiza además una misión hacia Indochina,
donde vuela un Loiré et Olivier 190 para visitar
las ruinas de Angkor. El 15 de diciembre de 1934,
el también inquieto matemático e inventor,
solicita el registro de su primera patente aeronáutica
para proteger sus derechos sobre un dispositivo para
aterrizajes en condiciones de baja visibilidad, antecedente
de los modernos radioaltímetros. En mayo de
1935 Saint-Exupéry viaja a Rusia, comisionado
para escribir una serie de artículos para el
periódico "París-Soir". En
Moscú se convirtió en el primer y último
extranjero en volar, el 17 de ese mes, en el Tupolev
ANT-20 Maxim Gorki, el avión más grande
del mundo para aquel entonces, mismo que fue destruido
al día siguiente de que Toño voló
en él, al chocar en pleno vuelo con una aeronave
que la escoltaba, provocando la muerte a 43 personas
(Toño no tuvo nada que ver con este accidente).
En diciembre de ese mismo año intenta batir
el récord París-Saigón en su
"Simoun", pero se accidenta en compañía
de su mecánico André Prévot en
el desierto de Libia, antes de llegar siquiera a El
Cairo, permaneciendo 87 horas perdidos en el desierto
hasta ser rescatados dramáticamente por una
caravana de beduinos, que los salvaron de morir de
sed. Con un nuevo "Simoun" (F-ANXK) adquirido
en 1937 realiza un vuelo para visitar la Alemania
nazi y nuevo viaje de prospección de 9,000
kilómetros para Air France, esta vez en la
ruta entre Casablanca y Tombouctou (léase Timbuctú).
Termina 1937 promovido al grado de capitán
de la reserva. El segundo "Simoun" también
lo destruiría, esta vez en Guatemala, al tratar
de despegar el 16 de febrero de 1938 con la aeronave
"fuera de gráficas", por exceso de
peso al llevar más combustible de lo necesario.
Este fue el accidente más terrible al que logró
sobrevivir y ocurrió cuando Toño intentaba
otro raid promocional entre Nueva York y Tierra del
Fuego (Chile), nuevamente acompañado de su
mecánico Prévot, quien al quedar también
gravemente herido dejó de volar con Toño
para siempre. Antes de casi perder la vida en Guatemala,
Saint-Exupéry había hecho escalas en
la ciudad de México y en el puerto de Veracruz,
por donde pasó procedente de Brownsville, Texas,
entre el 15 y 16 de febrero de 1938. Es muy probable
que un mes después, al ser llevado de regreso
a Nueva York en un Douglas DC-3 de Pan American, a
recuperarse de las heridas del accidente, volviese
a ver tierras mexicanas. De cualquier forma las evidencias
documentadas de sus visitas a México son escasas,
pero me gustaría acotar que los lazos de Toño
con nuestra región, se estrecharon desde el
momento en que se casó en 1931 con la salvadoreña
Consuelo Suncin, viuda del escritor y político
guatemalteco Enrique Gómez Carrillo, mujer
que había mantenido relaciones con el intelectual
mexicano José Vasconcelos, antes de lo cual
había estado casada con un militar mexicano
llamado Ricardo Cárdenas, fallecido en 1924.
Las consecuencias físicas, emocionales y profesionales
de este accidente se manifestaron en el resto de su
vida y afectaron seriamente su habilidad para seguir
volando, en especial para soportar las exigencias
de vuelos de reconocimiento a gran altura y con aeronaves
sumamente complejas, como las que aún así
volaría en la segunda guerra mundial. En 1939,
antes de que iniciase la guerra, se las ingenia para
convencer a Air France y acompañar en calidad
de "piloto complementario" (más bien
diríamos como observador) a su amigo Guillaumet,
en la travesía en ambos sentidos del Atlántico
norte en el Latécoere 521 "Lieutenant-de-Vaisseau-París",
vuelo importante ya que el segmento entre Long Island
y Biscarrosse se convirtió en el primer vuelo
sin escalas entre Estados Unidos y Francia, realizado
por una aeronave comercial. Saint-Exupéry termina
1939 movilizado con el grado de capitán, volando
Potez 637 Mk VII en el Grupo de Reconocimiento Aéreo
II/33. Su primera salida en acción de guerra
tuvo lugar desde el campo de Orconte, en marzo de
1940, al mando de un Bloch MB.174, aeronave empleada
en la misión de reconocimiento aéreo
que inspiró su libro "Piloto de Guerra",
traducido al inglés y publicado como "Flight
to Arras". En el II/33 Toño se dio cuenta
de que las armas de los Potez 63 se congelaban a gran
altura, para corregirlo inventó un dispositivo
que aparentemente funcionó. El 23 de mayo de
1940 es citado a la Orden del Ejército del
Aire, haciéndose de la Cruz de Guerra. Vuela
misiones de diversa índole en Farman F.222’s
antes de retirarse del servicio en la primavera de
1943, cuando llega a Argelia en donde vuela "Simouns",
Bloch MB.174 y North American N.A.57.
Con todo y sus graves problemas médicos, el
19 de junio de 1943 logra su certificación
para vuelos de gran altitud y autorización
para regresar a su escuadrón original, el II/33;
ahora de las Fuerzas Francesas Libres. El 25 de junio
es promovido al grado de comandante y el 21 de julio
realiza su primera misión de reconocimiento
aéreo al mando de un Lockheed F-5A (P-38E),
convirtiéndose a los 43 años de edad,
en el aviador más viejo en realizar misiones
de guerra en esa aeronave, concebida para ser operada
por aviadores de no más de 30 años.
Tras dañar un "Lightning" en un mal
aterrizaje en el mes de agosto de 1943, el mando norteamericano
le quita el permiso de volar P-38’s, el cual
vuelve a conseguir hasta mayo de 1944 a base de un
enorme esfuerzo de convencimiento y contando con la
ayuda de personas como el periodista de "Life",
John Phillips (quien obtuvo y publicó las últimas
fotografías del escritor-aviador) y la aprobación
del general Ira Eaker. A principios de 1944 encontramos
que Toño (muy a su pesar, por estar en contra
de realizar ese tipo de misiones) voló en calidad
de copiloto de bombarderos Martin B-26 Marauder en
la 31 escuadrilla del Grupo I/22 con base en Villacidro,
Cerdeña. En servicio en Córcega también
voló Cessna UC-78’s en misiones de enlace.
Para René Gavoille, amigo de Toño desde
los tiempos de Orconte y en 1944 comandante del II/33,
la desaparición de Saint-Exupéry fue
un duro golpe, mas no fue razón suficiente,
como era de esperarse, para que en la noche de su
desaparición, en el comedor de los franceses
en la base de Borgo (Bastia) faltasen las canciones
y las mujeres, porque en palabras del propio Gavoille:
"Las tradiciones de la aviación deben
mantenerse..." además el mismo Toño
hubiese hecho lo mismo.
Convertir a Saint-Exupéry en mártir
abatido por un criminal nazi... que leía "El
Principito"... rubricaría patrióticamente
la estatura ética y gloriosa del Conde liberal".
(Palabras del Dr. César Pérez de Francisco,
a quien dedico el presente trabajo).
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